Arte y Espectáculos

Piano y desarraigo: el disco de Egod Culmen, alter ego de un marplatense en Madrid

Es el nuevo proyecto de Nahuel Ferreyra (o Jack Dimension). Cómo suena el desarraigo para este artista al que le gustan los heterónimos y cuya música es "bien marplatense", aunque la haya escrito en Europa, donde vive desde hace unos años.

Tan melancólico como poético, “Notes & Destinies” es el disco de piano de Egod Culmen que ya se presentó en París, Francia, y que busca ahora seguir un camino de shows en vivo en varios escenarios europeos. Vio la luz por medio del sello escocés Siril Records.

Egod Culmen es, en realidad, uno de los alter ego del músico Nahuel Ferreyra, un marplatense al que le gustan los heterónimos. También se lo conoce como Jack Dimension y como tal es parte de la banda Arnoldo´s Lizards, que formó en esta ciudad y que lleva adelante junto a su pareja, Alvaré Goco.

Desde hace unos años, Nahuel está radicado en Madrid, España. Por eso el desarraigo, la reminiscencia a esquinas y sonidos locales con los que se crió se cuelan en este notable disco, que vio la luz recientemente y que consta de siete canciones, algunas de ellas atravesadas por el tango.

Autodidacta, Ferreyra o Culmen -como se prefiera- desarrolló su talento de oído. Heredó un teclado de su tía rockera y en plena adolescencia empezó a probarse en la música desde su barrio Santa Rita.

 


“Hay algo de la melancolía, del mar, de cierta soledad y de emociones medio cruzadas que para mí están muy presentes. De hecho es algo que acá en Europa me remarcan bastante. Después de tocar en París, varias personas me dijeron que sentían muy fuerte esa identidad”

 


 

El 15 de abril presentó el disco en París. “En una sala llena, a orillas del Río Sena, frente a Notre Dame. Fue en el marco del Piano Revenge Festival, un encuentro de pianistas de todo el mundo y para mí fue una experiencia muy significativa. Había tocado algunas de las piezas antes en Madrid, en distintos espacios, pero nunca había hecho el estreno completo del disco. Fue muy fuerte a nivel personal. Haber crecido en Mar del Plata, criarme en Elcano y Namuncurá, y de repente estar tocando en una sala llena en París… es algo que todavía estoy procesando. Ahora estoy empezando a mover el proyecto en vivo”, contó, en una entrevista con LA CAPITAL.

El 24 de mayo se presentará en Madrid junto al pianista Edoardo Gastaldi, en julio viajará a Italia, al festival Suona Con Noi de Piano Lab y en septiembre en Budapest, Hungría. “Estoy esperando confirmación para presentarlo también en ciudades como Hamburgo, Berlín y Londres. Me encantaría poder presentarlo en Argentina. Por ahora no tengo una fecha concreta de retorno, más que nada por cómo se dio la vida acá” en España, comentó el artista.

 


Podés escuchar el disco acá:


 

-¿Te gustan los alter egos? Jack Dimension es el más conocido, ahora Egod Culmen… todas facetas del mismo artista.

-Sí, me encantan los alter egos. Jack empezó en mi adolescencia, fue un apodo que me pusieron amigos y conocidos. Mi nombre real es Nahuel y me gusta pero en la música siempre me interesó jugar con distintos nombres y proyectos. Egod Culmen, por ejemplo, surge de la combinación de “ego” y “god”, y “culmen”, que es como el punto más alto de algo. Al principio nació casi como un descarte. En las bandas en las que tocaba nunca había lugar para un piano solo, no tenía nada que ver con la propuesta, entonces pensé en armar algo para no dejar esas canciones guardadas en una computadora. Con el tiempo se transformó en otra cosa. Es el proyecto donde aparece mi parte más sensible y también donde hay un nivel de compromiso y de búsqueda más profundo. De hecho, pasó bastante rápido a ser mi proyecto principal. También fue muy importante el apoyo del sello escocés Siril Records, que me dio el impulso para animarme a hacer real todo eso y lanzarlo como un álbum. Fue una de las mejores decisiones que tomé. No lo veo tanto como personajes, sino como distintas formas de expresarme. Cada proyecto me permite explorar una parte diferente de mí.

-Son siete canciones que, escuchadas juntas, parecen una misma música que se va complejizando, hasta el final. ¿El disco admite una lectura en conjunto o preferís una lectura canción a canción?

-Sí, lo pensé como un todo desde el principio. El disco se llama “Notes & Destinies”, en español “Notas y Destinos” que para mí tiene que ver con la idea de que cada nota puede llevar al oyente a su propio destino, a su propia interpretación de la música. Más allá de eso, hay algo muy personal que atraviesa todo el álbum, que tiene que ver con el momento en el que lo hice. El proceso de emigrar fue clave. No es fácil irse, empezar de cero, adaptarse a otra vida… y en medio de todo eso sentí que necesitaba un respiro. Por eso también el disco es así, sin metrónomos, sin baterías, sin electrónica. Necesitaba algo más orgánico, más humano, un piano que respire conmigo. De alguna forma, este disco es el inicio de una apertura hacia un lado más emocional. Es un espacio donde pude decir cosas que no podía poner en palabras. Si tuviera que definirlo en una frase, diría que es el respiro que necesitaba escuchar yo mismo para calmar mi mente.

 


“En cuanto a vivir de la música, es posible (en Europa), pero no es inmediato. Cuando llegás tenés que construir estabilidad desde cero. En mi caso empecé trabajando como camarero, y desde ahí fui desarrollando los proyectos”, contó. 

 

-En algunas de las composiciones aparecen algunas notas de tango, como en Quedate conmigo. ¿Te gusta el tango, te resuena en tu universo sonoro?

-Sí, tengo una conexión bastante natural con el tango, más desde lo que viví que desde lo académico. De chico mis abuelos me llevaban a peñas de folklore y tango, así que crecí con esa música alrededor, en mi familia y en los lugares que frecuentaba. Igual, siempre me atrajo más una versión más moderna o más abierta, como la de Piazzolla, o incluso lo que hizo Charly García, que tiene mucho del tango pero mezclado con otros lenguajes. Mi música la siento muy argentina, y particularmente muy marplatense. Hay algo de la melancolía, del mar, de cierta soledad y de emociones medio cruzadas que para mí están muy presentes. De hecho es algo que acá en Europa me remarcan bastante. Después de tocar en París, varias personas me dijeron que sentían muy fuerte esa identidad, como si la música tuviera una conexión directa con mi origen. Y eso para mí es importante, porque aunque esté lejos, siento que todo lo que hago sigue estando atravesado por ese lugar de donde vengo.

-No puedo dejar de advertir cierta melancolía en estas canciones, aparecen despedidas, pensamientos y composiciones a veces más veloces y otras más contemplativas, ¿coincidís?

-Sí, coincido. Es un disco bastante melancólico. Creo que tiene que ver con mi forma de ser y también con las experiencias que fui atravesando desde chico. Siempre fui una persona muy sensible, y desde ese lugar aparecen tanto la melancolía como otras emociones que terminan transformándose en música. En el disco hay momentos más contemplativos y otros un poco más intensos o veloces, pero todos nacen de ese mismo lugar emocional. Es como un recorrido por distintos estados internos. Y en ese sentido, la música también cumple un rol importante para mí. Me sirve para canalizar y ordenar muchas cosas que no siempre puedo expresar con palabras, aunque a veces también las intensifica.

-¿Es un disco que creaste a partir del desarraigo en España?

-Sí, mayormente sí. El desarraigo es algo con lo que uno convive día a día cuando emigra. No es fácil adaptarse a otra cultura ni empezar de cero en un lugar completamente desconocido. En mi caso fue un proceso bastante duro, pero también creo que ahí hay algo interesante, en esa aventura de reconstruirse en otro lugar. Muchas de las canciones del disco nacen desde ese momento. Por ejemplo, “Yearn”, que significa añoranza, o “Colón y Santa Fé”, que es una esquina muy importante para mí en Mar del Plata, o también “Parting Fades”, que tiene que ver con la idea de un adiós que se va desvaneciendo. Todas esas piezas están muy conectadas con lo que fui sintiendo durante ese proceso.

-¿Sigue Arnoldo´s Lizards?

-Sí, Arnoldos Lizards sigue siendo un proyecto muy importante para nosotros. Cuando llegamos a España con Julieta, que es mi esposa y la cantante, intentamos armar la banda con músicos locales, pero por distintas razones no terminó de funcionar como esperábamos. A eso se le sumó todo lo que implica emigrar: empezar de cero, adaptarse, compartir piso con gente desagradable entre muchas anécdotas más. Fue un proceso bastante intenso y nos dejó poco tiempo para desarrollar el proyecto como lo hacíamos en Argentina. De todas formas, tenemos dos discos terminados, que todavía no lanzamos porque sentimos que, sin la banda bien armada, sería quemar cartuchos innecesariamente. Ahora estamos desarrollando un proyecto nuevo juntos que se llama Debutt, con una estética más ligada al acid pop y al techno. Es algo que podemos llevar adelante los dos solos, sin depender de otros músicos, y también nos da mucha libertad creativa, sobre todo desde el uso de sintetizadores. Además, es un formato que acá en Europa tiene más salida en vivo, lo que también ayuda desde lo laboral. En cuanto a vivir de la música, es posible (en Europa), pero no es inmediato. Cuando llegás tenés que construir estabilidad desde cero. En mi caso empecé trabajando como camarero, y desde ahí fui desarrollando los proyectos. Madrid es una ciudad muy grande, con muchísimo movimiento artístico, y eso te permite encontrar tu lugar si insistís. El primer año fue difícil, pero con el tiempo empezamos a acomodarnos y a generar más oportunidades. Es un proceso, pero sí, es posible.

Te puede interesar

Cargando...
Cargando...
Cargando...